3 signos que diferencian una posesión diabólica de un trastorno mental

¿Cuáles son las señales de una posesión diabólica?

Son innumerables las enfermedades nerviosas que presentan caracteres exteriores muy parecidos a los de la posesión y no faltan tampoco, por diferentes motivos, pobres desequilibrados y espíritus perversos que tienen una habilidad tan prodigiosa en simular los horrores de la posesión, que inducirían a error al más circunspecto observador, si la Iglesia por fortuna, no nos hubiese dictaminado normas sapientísimas para descubrir el fraude y dictaminar con toda garantía de acierto.

Los casos de verdadera y auténtica posesión son muy raros y que es mil veces preferible y tiene muchos menos inconvenientes en la práctica equivocarse por el lado de la desconfianza que por el hecho muchas veces-en un espantoso ridículo. No bastan la extrañeza del mal, las agitaciones extremas del paciente, las blasfemias que profiere, el horror que testimonia por las cosas santas. Todas estas señales no proporcionan más que conjeturas, que a veces coincidirán con la verdadera posesión, pero que no llevan consigo los caracteres de la certeza e infalibilidad, ya que ninguna de esas cosas rebasa las posibilidades de la maldad o de las fuerzas humanas.

El Ritual Romano, en su capítulo De exorcizandis obsessis a daemonio, después de recomendar prudencia y discreción antes de emitir un juicio, indica algunas señales que permiten diagnosticar con garantías de acierto la existencia de una auténtica posesión:

Hablar con muchas palabras una lengua extraña y desconocida del paciente, entender perfectamente a quien le habla, descubrir cosas ocultas o distantes, mostrar fuerzas muy superiores a su edad y condición, y otras muchas semejantes que, cuando se reúnen muchas, proporcionan mayores indicios.

1)      HABLAR LENGUAS NO SABIDAS: Hay que ser muy cauto en la apreciación de esta señal. La psicología experimental ha registrado casos sorprendentes de sujetos patológicos que de pronto empiezan a hablar en un idioma que en la actualidad ignoran por completo, pero que aprendieron y olvidaron en otra época de su vida o del que han oído hablar o leer a otro que lo sabe. Tal ocurrió con la criada de un pastor protestante que recitaba pasajes en griego o en hebreo que había oído leer a su señor. Para que esta señal sea una prueba decisiva es preciso que se compruebe bien la realidad de semejante fenómeno, la falta absoluta de otras señales inequívocas de posesión, tales como el espíritu de blasfemia, el horror instintivo e inconsciente a las cosas santas, etc.

 

2)      REVELACIÓN DE COSAS OCULTAS O DISTANTES sin causa natural que pueda explicarlas. Hay que andar también con pies de plomo para constatar con certeza esta señal. Se han dado fenómenos sorprendentes de telepatía y cumberlandismo cuya explicación es puramente natural. Por otra parte, los futuros contingentes y los secretos de los corazones escapan al conocimiento angélico, aunque pueden tener de ellos un conocimiento conjetural.

 

Hay que tener también en cuenta la posibilidad de una adivinación puramente fortuita y casual. De donde para que esta señal revista caracteres de verdadera certeza tiene que ser muy amplia y variada y estar acompañada de otras señales inequívocas de posesión. Ella no solo no bastaría

Para la certeza absoluta. El Ritual Romano habla con exquisita prudencia cuando exige la reunión de varias causas para engendrar verdadera certeza.

 

3)      EL USO DE FUERZAS NOTABLES SUPERIORES a las naturales del sujeto se presta también al equívoco. Hay estados patológicos de particular frenesí que duplican y aun triplican las fuerzas normales de un sujeto. Sin embargo, hay hechos manifiestamente preternaturales, tales como volar a gran altura y distancia como si se tuvieran alas, mantenerse largo rato en el aire sin punto de apoyo, andar con los pies sobre el techo o la bóveda con la cabeza hacia abajo levantar con facilidad pesadas cargas que varios hombres no podrían mover, etc.

Si alguna de estas cosas se presenta unida a otras señales claras de posesión sobre todo el horror instintivo a lo santo y el espíritu de blasfemia) se podría pensar sin imprudencia en una acción diabólica.

En cuanto a la forma de comenzar es muy variada. A veces es súbita y coincide con la causa que obedece. El signo precursor, cuando existe, es de ordinario la obsesión bajo alguna de las formas sensibles que hemos descrito. Antes de entrar y establecer allí su morada, el demonio da vueltas y se agita por fuera, como el enemigo que prepara el asalto a la plaza de la que quiere adueñarse. Dios permite estas manifestaciones exteriores a fin de advertir la invasión interior de la que son preludio, e inspirar un horror más profundo hacía ella.

P. Antonio Royo Marín. Teología de la Perfección Cristiana.

 

 

 

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