¿Cómo balancear una vida espiritual y mental? Claves para hacer un plan de vida

espiritualidad, psicologia catolica

CLAVES PARA HACER UN PLAN DE VIDA

Todo ser humano está determinado por una dimensión biopsicoespiritual, y ambas dimensiones se encuentran unidas y conectadas entre sí.

De manera que lo físico y biológico influye en nuestra vida espiritual, y al mismo tiempo esa dimensión espiritual se ve reflejada en el funcionamiento de nuestra parte biológica y física.

Todo lo que vemos en el ambiente externo, lo captamos por medio de nuestros sentidos corporales los cuales al mismo tiempo nos ayudan a comunicarnos con las personas y con todo lo que nos rodea.

Sin embargo, existe otra dimensión que no podemos desconocer y es la psicológica, en ella se encuentran encerradas todos nuestros pensamientos, nuestras ideas, emociones y todo lo que corresponde a nuestra psiquis.

De todas estas dimensiones la más oculta y profunda es la dimensión espiritual, la cual se puede comparar a un lugar secreto donde el alma se encuentra cara a cara con Dios.

Allí es el lugar del encuentro, de la comunión íntima, y del espacio donde nos encontramos con nuestro Creador, y es precisamente allí donde el hombre experimenta el anhelo de vivir unidos a Dios y de trascender del plano físico a un plano trascendente en el que se halle liberado de las cadenas de este cuerpo.

 

Nosotros somos seres íntegros y por lo tanto, todo lo que nos sucede afecta a todas nuestras tres  dimensiones. Por ejemplo: si estás enfermo, seguramente tu cuerpo se debilitara, tu mente se distraerá y tu espíritu puede sentirse en sequedad para la oración.

Definitivamente, si una parte se encuentra mal, las otras dos dimensiones de alguna manera también se pueden ver influenciadas, pues somos una unidad y todos se complementan puesto que estas tres dimensiones se comunican continuamente, y de las tres la más importante y al mismo tiempo la más descuidada en muchas ocasiones es la dimensión espiritual.

 

De hecho, en muchas ocasiones queremos encontrar la raíz de un dolor físico solo en causas biológicas, o psicológicas, cuando puede ser posible que mi vida espiritual está totalmente olvidada y de alguna manera ese abatimiento o dolor es un síntoma muy claro de lo importante que es volver a reactivar tu relación viva con tu Creador. Pues la dimensión espiritual es en definitiva la que rige todas las otras dimensiones, ya que de ella sale la fuente de la verdad y de allí se desprende como un árbol el tronco que sostiene nuestra parte física y psicológica.

El saber que ante todo tenemos un alma a la cual  hay que alimentar y hay que ayudar a crecer, nos ayudará al mismo tiempo a ordenar nuestros pensamientos, nuestras emociones, y nuestras mismas ideas, y por su puesto todo nuestro interior ordenado podrá verse reflejado en todo nuestro cuerpo.

 

Si desconocemos este punto, entonces siempre caminaremos cojos, viviendo con medias verdades y pensando que muchos de los problemas, enfermedades, estados de ánimo que sufrimos es por causa solo de algo psicológico, o  fisiológico.

Por lo tanto, para poder lograr ese equilibrio que tanto deseamos es importante, que así como alimentamos nuestro cuerpo con alimentos sanos, del mismo modo empecemos a alimentar nuestra alma con alimentos divinos que la enriquezcan y la fortalezcan.

 

Una psicología que no tenga en cuenta la dimensión espiritual es una ciencia a medias y por tanto, no puede ser perfectamente eficaz.

 

Solo en la medida en que nos abramos a reconocer que estamos llamados a la santidad y que está es nuestra vocación, entonces aprenderemos a ver todo lo que nos sucede ya sea en nuestro cuerpo, o en nuestra mente como un medio eficaz para nuestra santificación.

Te dejo aquí algunos consejos importantes para empezar a cultivar esa vida espiritual que te ayudaran a balancear toda tu vida. Son palabras tomadas de un gran Santo, San Josemaría Escrivá de Balaguer.

Procura atenerte a un plan de vida, con constancia:

–          Unos minutos de oración mental.

–          La asistencia a la Santa Misa —diaria, si te es posible

–          La Comunión frecuente

–           Acudir regularmente al Santo Sacramento del Perdón —aunque tu conciencia no te acuse de falta mortal—

–           La visita a Jesús en el Sagrario

–           El rezo y la contemplación de los misterios del Santo Rosario, y tantas prácticas estupendas que tú conoces o puedes aprender.

No han de convertirse en normas rígidas, como compartimentos estancos; señalan un itinerario flexible, acomodado a tu condición de hombre que vive en medio de la calle, con un trabajo profesional intenso, y con unos deberes y relaciones sociales que no has de descuidar, porque en esos quehaceres continúa tu encuentro con Dios. Tu plan de vida ha de ser como ese guante de goma que se adapta con perfección a la mano que lo usa.

 

Tampoco me olvides que lo importante no consiste en hacer muchas cosas; limítate con generosidad a aquellas que puedas cumplir cada jornada, con ganas o sin ganas. Esas prácticas te llevarán, casi sin darte cuenta, a la oración contemplativa. Brotarán de tu alma más actos de amor, jaculatorias, acciones de gracias, actos de desagravio, comuniones espirituales. Y esto, mientras atiendes tus obligaciones: al descolgar el teléfono,  al subir a un medio de transporte, al cerrar o abrir una puerta, al pasar ante una iglesia, al comenzar una nueva tarea, al realizarla y al concluirla; todo lo referirás a tu Padre Dios.

Autor: Lorena Gómez (Psicóloga Católica)

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