¿Qué es el pudor?


Reflexiones del Papa Pio XII sobre el Pudor en su CARTA ENCÍCLICA. “SACRA VIRGINITAS”. SOBRE LA SAGRADA VIRGINIDAD.

 

Psicologia catolica

Psicologia Católica

Los educadores de la juventud clerical harían obra mejor y más útil inculcando en las, almas de los jóvenes los principios del pudor cristiano, que tanto ayuda para conservar incólume la virginidad y que bien puede llamarse la prudencia de la castidad.

 

El pudor adivina el peligro, impide ponerse en él y hace evitar las ocasiones a que algunos menos prudentes se exponen.

 

El pudor no gusta de palabras torpes o menos honestas, y aborrece aun la más leve inmodestia; evita la familiaridad sospechosa con personas de otro sexo, infundiendo en el ánimo la debida reverencia al cuerpo que es miembro de Cristo (101) y templo del Espíritu Santo.

 

Quien posee el pudor cristiano tiene horror a cualquier pecado de impureza y se retira apenas siente despertarse la seducción.

 

Además, el pudor sugiere y suministra a los padres y educadores expresiones aptas para instruir las conciencias de los jóvenes en la castidad. Por lo cual -como lo advertimos no hace mucho en una alocución tal recato no se ha de entender de manera que equivale a un absoluto silencio, hasta excluir en la formación moral aun el modo reservado y prudente de hablar .

 

Sin embargo, en nuestros tiempos algunos maestros y educadores, más veces de lo que fuera menester, han creído ser oficio suyo iniciar a niños inocentes en los secretos de la procreación de un modo que ofende su pudor. En este asunto conviene usar la justa medida y moderación que exige el pudor cristiano.

 

El pudor se alimenta del temor de Dios, ese temor filial basado en una profunda humildad cristiana, que nos hace huir con suma diligencia de todo pecado. Ya lo afirmaba Nuestro Predecesor San Clemente I con estas palabras: “El que es casto en el cuerpo no se vanaglorie, porque otro es quien le da el don de la continencia”.

 

Cuán importante sea la humildad cristiana para conservar, la virginidad, nadie lo ha expresado más claramente que San Agustín: “Ya que la continencia perpetua, y sobre todo la virginidad es un don excelentísimo en los santos de Dios, ha de vigilarse atentamente para que no se corrompa con la soberbia… Por eso., Cuanto mayor me parece este don, más temo no venga a desaparecer en lo futuro por causa de la soberbia”.

 

Solo Dios es el verdadero custodio de la gracia virginal, que El mismo concedió, y “Dios es caridad”.

 

La guardiana, por tanto de la virginidad, es la caridad y la morada de esta guardiana es la humildad.
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