¿Qué significa ser libre? ¿Cómo puedo ser libre?(Ver video al final)

“El temor a la libertad”

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¿Por qué tenemos miedo a la libertad?

 

En principio resulta paradójica esta expresión¿Cómo sería esto de tenerle miedo a la libertad, a algo que en si es bueno y que en definitiva todos anhelan?

¿A qué me refiero con esto? En primer lugar, considero importante definirla.

La libertad es una capacidad específicamente humana, que le permite al hombre ser dueño de sus propios actos, que le permite elegir entre esto o aquello, pero esencialmente es una capacidad para alcanzar una perfección, es decir una capacidad de bien, no todo lo que se puede elegir hace bien, no todo lo que se elige perfecciona.

La verdad y el bien perfeccionan porque son los objetos propios del intelecto y de la voluntad y por eso no se puede hablar de plenitud y realización humana cuando el ejercicio de la libertad no hace referencia a estos dos ordenes. De manera que ser libre no es hacer lo que quiero así, sin más, sino elegir y hacer aquello que me perfecciona. Ciertamente puedo elegir robar, mentir, matar, pero ¿mentir, robar y matar me perfecciona? ¿Me humaniza como persona? Entonces, la libertad no es hacer lo que quiero, sino hacer lo que debo.

Ahora, este hacer lo que debo, no es una imposición que le resulta al hombre una carga o una imposición arbitraria, sino una fidelidad al ser, dinámica, humanizante, y hasta inclusive apasionante, porque el hombre se define en cada elección que hace.

Es por esto que la auténtica libertad implica responsabilidad y hacerse cargo de la propia vida e historia personal.

Exige necesariamente la referencia a la verdad y al bien como los objetos propios del intelecto y de la voluntad, y el orden en donde el hombre encuentra su realización.

Por eso creo que se le teme tanto, a la responsabilidad,  a cambiar de vida,a  dejar de hacer cosas, puesto que esto en definitiva  implica fidelidad al ser persona humana.

De manera que ser responsable, implica otra actitud fundamental de toda persona madura y es la renuncia, renuncia a aquello que no me perfecciona y que se presenta como posibilidad en cada situación.

Pero no una renuncia castradora, alienante, etc. sino una renuncia que es expresión de la grandeza moral del hombre que es capaz de ser señor de si, he aquí la grandeza de la libertad.

Aquí reside a mi entender el temor a la misma, porque están en juego las consecuencias morales de la verdad y el bien, y  esto se da porque exigen un cambio muchas veces y especialmente un compromiso.

Ser libre implica hacerse cargo de la vida, de la propia historia, y ser fiel a las exigencias del ser, esto es, ser responsable.

Por aquí creo que se juega la gran crisis de nuestro tiempo y especialmente de nuestra patria, crisis de naturaleza metafísica, gnoseológica y moral.

Metafísica porque ya no se reconoce un orden natural, en todo caso se lo distorsiona y muchas veces se lo niega directamente.

Gnoseológica, porque ya no es la verdad objetiva la norma del conocimiento, esto es el relativismo imperante.

y moral, porque la consecuencia del relativismo intelectual se traduce o expresa en el campo de la ética, en el que cada cual determina que está bien o mal según le parece y no según el bien objetivo.

Como Psicólogo constato permanentemente, que las personas no solo sufren por conflictos, traumas, carencias, etc., sino también la falta de compromiso con la libertad, con la verdad y el bien, esto es, con la vida misma.

El libertinaje de alguna manera, enferma, de ahí la importancia de ser honesto con uno mismo.

De esta pobre reflexión saco dos conclusiones que considero importantes:

Educar para responsabilidad, desafió que se juega en primer lugar en la familia, en cuanto escuela de humanidad y virtudes, en cuanto “segundo útero” según Santo Tomás, y a esto lo entendemos bien los que tenemos hijos, y promover una psicología que yo definiría “realista” en tanto que responde a la naturaleza del ser, como itinerario de maduración personal, en referencia permanente al orden de la verdad y el bien, desde la libertad.

El desafío es entonces, despertar una conciencia, la de la grandeza moral del hombre.

Esta grandeza radica en el hecho de que somos imagen y semejanza del hombre perfecto: Jesucristo.

Finalmente considero, que las palabras de Jesús, sintetizan la pobreza de estas líneas: “Conocerán la verdad y la verdad los hará libres” (Jn.8,32).

Autor: César Augusto Gálvez.

Psicólogo  Clínico. Profesor de Teología y Filosofía.

 

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