Sacerdotes difuntos

¿Por qué orar por los Sacerdotes difuntos?

 

A veces pensamos que los sacerdotes después de muertos no necesitan de oraciones, y esto es una gran equivocación.

 

Ellos más que nunca necesitan que oremos por ellos, pues muchos Santos como la   Sierva de Dios  Concepción Cabrera de Armida en su libro: ” A mis Sacerdortes: , nos dice que el purgatorio de un sacerdote es incalculable y orar por ellos es una obra de caridad muy agradable a Dios, pues desafortunadamente poco se piensa en orar por ellos.
Escuchemos las palabras de Jesús al respecto:

 

“Mi Corazón agradece lo que por mis sacerdotes se hace en la Tierra, en sus cuerpos y en sus almas, en lo material y en lo espiritual, y lo recompenso con munificiencia y especiales gracias.

 

Pero lo que se hace con los sacerdotes difuntos es más servicio para ellos y para Mí; para su almas, librándolas, disminuyendo su purgatorio; y para Mí, dándome el gozo de los gozos, poniendo por fin en mis brazos a esas almas transformadas en Mí, para obsequiar con ellas a mi Padre con lo que más ama, con su mismo Hijo Sacerdote, en donde todos los sacerdotes salvados se funden en la divina unidad”.
La Sierva de Dios Luisa Picarreta nos dice en uno de sus escritos:
VOLUMEN IV. (49) Enero 16, 1901 » Cuanto le agrada a Jesús cuando pedimos por las almas del purgatorio.
 
“La caridad más aceptable a Mí es la que se hace por aquellos que me están más cercanos, y los más cercanos a Mí son las almas purgantes, porque ya están confirmadas en mi gracia y no hay ninguna oposición entre mi Voluntad y la suya, viven continuamente en Mí, me aman ardientemente, y estoy obligado a verlas sufrir en Mí mismo, impotentes por sí mismas para darse el más mínimo alivio.

 

¡Oh! cómo es lacerado mi corazón por el estado de esas almas,porque no están lejos de Mí sino cerca, no sólo cerca, sino dentro de Mí y, cómo es acepto a mi corazón quien se interesa por ellas.
Supón tú que tuvieras una madre, una hermana, que convivieran contigo en un estado de dolor, incapaces de ayudarse por sí mismas, y un extraño que viviera fuera de tu habitación, también en un estado de dolores pero que se puede ayudar por sí mismo, ¿no agradecerías más si alguna persona se ocupara en aliviar a tu madre o a tu hermana, que al extraño que puede ayudarse por sí mismo?”

 

 

 

No nos olvidemos de orar por ellos y de mandar a celebrar misas por su eterno descanso.
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