Tres claves para educar a los hijos en la disciplina y el autodominio

como ayudar a los hijos

 

Autora: Lorena Gómez

Psicóloga Católica

A menudo los Padres se preguntan ¿Cómo hago para que mi hijo me obedezca y no sea grosero?

¿En qué he fallado para que mi hijo no me respete?

Estos y muchos más interrogantes generalmente surgen en el interior de muchos padres y es por esto que quiero darte unas claves importantes para tener en cuenta en la educación de tus hijos.

  1. LA IMPORTANCIA DE LA DISCIPLINA: Muchos de los estudios que se han realizado dentro de la Psicología han comprobado que la mayoría de los problemas que presentan los jóvenes es la falta de disciplina, pues si desde niños no se les educa en este punto, cuando crecen no aprenden a controlarse ni a dominar sus malas inclinaciones, pues su única brújula es hacer siempre su voluntad y vivir a sus antojos.

Definitivamente la disciplina es un fundamento primordial para formar el carácter en los niños que les ayuda a dominar su voluntad y a desarrollar la capacidad para crear un plan de vida de acuerdo a un juicio recto iluminado por la fe y la recta razón. No olvidemos que al niño hay que educarle desde que es pequeño, con firmeza y disciplina, no dejándole hacer lo que quiere, ni mucho menos permitiéndole salirse siempre con la suya.

Comienza en lo pequeño, estos son apenas algunos ejemplos:

– Ponle un horario para ver T.V o utilizar su computadora.

– Acostúmbrale a formar hábitos de limpieza, como por ejemplo: Tender su cama, ordenar su cuarto, sus juguetes, mantener su armario ordenado, etc…

– Formar horarios para jugar y para descansar.

– No lo dejes solo frente a un computador sin tú estar a su lado.

  1. 2.     NO LES DES TODO Y SÉ EXIGENTE:

Muchas veces pensamos que darles todos a nuestros hijos es el mejor modo para demostrarles nuestro amor y cariño, pero no pensamos que muchas veces lo que sucede es que criamos hijos mimados,  flojos y egoístas que solo quieren recibir y no saben sacrificarse en las cosas pequeñas. Y esto lo vemos reflejado con el paso de los años cuando nuestros hijos crecen y vemos que en sus trabajos no se esfuerzan por luchar con sacrificio por hacer sus obras a cabalidad y con esmero, siempre buscando lo más fácil y pasajero por salir del paso, hasta llegar a convertir como su ley hacer lo menos posible y terminar haciendo siempre lo que más les gusta.

Es así que se vuelven desordenados, inseguros, comodones, etc… hasta llegar a asumir una actitud exigente e irrespetuosa hacia sus padres si les llegan a pedir ser más responsables y trabajadores. Y  todo esto sucede como fruto de nuestras siembras y por su puesto muchas veces también del entorno en que vivimos.

Por tanto, es necesario que desde temprana edad se le corrija al niño sus errores con firmeza y no le acostumbres a dar todo lo que te pida. Enséñale a esforzarse en las cosas pequeñas. Como por ejemplo:

– Que haga muy bien sus tareas y las termine completas.

– No pases por alto sus errores aunque sean pequeños y no los disimules, corrígele en el instante sus faltas y si es posible aplícale una pequeña penitencia para que recuerde que no lo debe volver a hacerlo.

– Pídele que te ayude en alguno de los quehaceres de la casa. Como por ejemplo: lavar los platos, mantener ordenada la sala, etc…

– Es muy saludable enseñarle a ganarse por sí mismo las cosas, así que puedes asignarle algún oficio en tu casa de manera que aprenda a adquirir responsabilidades y al mismo tiempo conozca el valor del trabajo y del sacrificio.

Recuerda que tus hijos son un regalo que Dios te ha dado, y lo más importante de todo es que Dios te los confió para ser de ellos unos buenos Hijos de Dios con el claro objetivo de que ellos alcancen la Santidad a la cual Dios los ha llamado.

Para terminar quiero dejarte estos cortos consejos  de San Josemaría Escrivá de Balaguer, acerca de la educación de los hijos:

  1. 3.PROCURA UN CLIMA DE FAMILIARIDAD:  

Aconsejo siempre a los padres que procuren hacerse amigos de sus hijos. Se puede armonizar perfectamente la autoridad paterna, que la misma educación requiere, con un sentimiento de amistad, que exige ponerse de alguna manera al mismo nivel de los hijos. Los chicos —aun los que parecen más díscolos y despegados— desean siempre ese acercamiento, esa fraternidad con sus padres. La clave suele estar en la confianza: que los padres sepan educar en un clima de familiaridad, que no den jamás la impresión de que desconfían, que den libertad y que enseñen a administrarla con responsabilidad personal. Es preferible que se dejen engañar alguna vez: la confianza, que se pone en los hijos, hace que ellos mismos se avergüencen de haber abusado, y se corrijan; en cambio, si no tienen libertad, si ven que no se confía en ellos, se sentirán movidos a engañar siempre”.

 

Contácteme

 

No comments yet.

Leave a Reply

Join the Live Chat